ellas

ellas

Las madres coraje, precisamente, nunca reconocerán que lo son, pero se huelen a la legua. Hasta la mirada se hace muy distinta a la de las demás con el tiempo.

Las sonrisas, las dosificarán, pero se verán sinceras cuando las regalen, porque han aprendido a valorarlas, casi tanto como las lágrimas, las que soltarán sólo cuando ya no se pueda más retener el cansancio por dentro y se rompa en inevitable diluvio para afuera.

Serán ministras del tiempo, y lo estirarán como si a un reloj le cupieran mil horas, haciendo filigranas con los minutos y milagros con los segundos, sacándolos de donde nadie los supo encontrar. Por supuesto, nunca para ellas, sólo para sus pequeños.

Tragarán el dolor como nadie, atrayendo como un imán cualquier mal rato que aguarde a sus crías, y preparando sus brazos para cuando ese momento pase, puestas y dispuestas para calmarlas en cuanto pueda.

Sabrán mantener el tipo cuando vengan noticias duras y celebrar a lo grande el más mínimo de sus logros. Por muy mal que se levanten, cada día se vestirán de ilusión para salir a pasear con sus hijos sacando pecho del gigante que tienen en casa, y de ternura cuando toque llevarlos a descansar.

Aprenderán a no mirar a su alrededor, para no sufrir comparando. A eso y a entender cada mirada, cada murmuro, cada gesto casi anticipándose a sus pequeños, porque ya no hacen falta palabras cuando pasas tanto tiempo a su lado.

Están hechas de otra pasta, completamente distinta, las madres de esos niños tan especiales, que saben meterse en su piel justo antes de cada terapia, de cada cita, para hacerlos impermeables a todo lo que tienen que pasar día tras día. Por eso sienten cada pinchazo, cada muñeca que le agarran para sujetarlo, cada amarga medicina, cada miedo que se les pasa por la cabeza cuando llegan a una consulta como si fuera en sus carnes.

Supongo que se hacen a la idea, más pronto que tarde, desde que reciben la noticia, y la aceptan, y asumen su sino con auténtica devoción. Saben exactamente las capacidades de sus pequeños pero por eso nunca les pondrán un techo.

Caricia a caricia, beso a beso, alimentan el alma de sus hijos, colgando de su pecho la esperanza de que mañana estarán mejor, y al otro mejor. Ellas no saben de fracasos porque, ya cayeron una vez y, desde entonces, no han hecho más que tocar, por ellos, una y otra vez el cielo.

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7 thoughts on “ellas

  1. Madre coraje, no se puede ser, sino es también, buena esposa, amiga, hermana,hija…, y estaría así un buen rato. Tampoco se puede ser, sin tener a su lado a un marido, padre,amigo…,ejemplar.

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