tres besos

trillizas

Tres tesoros, tres niñas nacidas tras tres sueños, con sus tormentas en forma de tres pesadillas, tres sonrisas que hacen cadena de punta a punta, uniendo un corazón al otro de sus padres. Tres cositas rubias, Amalia, Gloria e Isabel. Tres maneras de encontrarse con el miedo y de vencerlo. Tres añitos por cada una de esos tres cielos y tres abrazos lanzados al viento, para que siempre las guarde.

Nacieron antes de tiempo, por aquello de no saber con certeza lo que pasaba dentro de una barriga, y lo que pasaba, mira tú, es que estaban perfectamente, cuidando la una de la otra, la otra de la una, y esas dos de la otra más.

Al nacer, tuvieron su primera casa en Neonatos, por casi tres meses, y desde el primer día supieron ya lo difícil que pinta para los prematuros en este mundo. Pero difícil nunca significó imposible.

Amalia sufrió una infección tras otra, y todas ellas las superó como se superan las luchas más complicadas, llorando ríos de lágrimas pero sin dejar de pelear. Mírala ahora, cualquiera lo diría al ver esa carita tan iluminada como ruborizada, escondida a las faldas de su madre.

A Gloria le vieron algo extraño que le afectaba al corazón, un Fallot que provocaba unos niveles bajísimos de oxígeno en la sangre y tuvieron un ojo puesta en ella para ver cómo iba evolucionando. Un día, ese algo tuvo que operarse, y ni los médicos podían dar garantías de éxito de la intervención, por el poco desarrollo que tenía aún la peque.

Esperando al día de la operación, se quedaron por el camino muchos de los niños que conocieron en la UCI, y eso, además de ser una estampa insoportablemente triste, te va haciendo mella en la cabeza y te vas preparando, quieras que no, para lo peor.

Gloria dejó ese capítulo atrás, muy atrás, y jugando con sus amigos, su corazón late como tiene que ser, a un ritmo imparable, dando cuerda y energía para sacar todo el jugo al día.

Isabel, estando en Neonatos, tuvo un episodio de apnea importante, una falta prolongada de respiración, que provocó lo que se conoce como una leucomalacia periventricular, un daño cerebral que puede tener sus secuelas en el futuro reflejadas, principalmente, en la capacidad de aprendizaje de los niños.

Ella las tiene, unidas a una espasticidad muscular que tampoco le permite moverse con facilidad. Todo eso se trata, se trabaja y se supera de alguna forma, más pronto que tarde, como lo está haciendo, dejándose su niñez en cada sesión y volviéndola a recuperar cuando toca jugar, como una campeona.

Las tres van ya al mismo cole, y las tres hacen una piña maravillosa para todo. Son dulcísimas, les gusta jugar sin ser nada escandalosas y son extraordinariamente cariñosas entre ellas y con cualquiera que se siente a jugar con el grupito. Alegría constante multiplicada por tres.

Tres muñecas, cada una con su historia. Tres sirenitas en las terapias con piscina que da gusto ver chapotear. Tres soles que llenan la casa a la mañana y tres luceros en sus camitas que iluminan y calman la duermevela. Tres preciosos besos de buenas noches para ir a dormir y otros tres, cada nuevo despertar.

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