una vuelta al cole diferente

Todos los niños especiales, además de ser especiales, tienen eso, que son niños y, aunque parezca increíble, hacen cosas de niños, como comer, dormir, jugar, llorar o, por supuesto, ir al cole. Ese cole puede estar repartido por varios centros, dependiendo de las terapias que se les apliquen.

En cualquier caso, estos niños ponen un esfuerzo sobrehumano en aprender las cosas que otros niños les ha costado mucho menos. Unos y otros no son ni mejores ni peores, simplemente, desarrollan técnicas distintas.

El Dr. Veras, creador brasileño de un método ya consolidado para el aprendizaje, particularmente, con niños con Síndrome de Down, explicaba que estos niños no es que no vayan a alcanzar el nivel de unos niños sanos, simplemente es que su desarrollo era más lento y, por ello, era necesario aplicarle una enseñanza más intensa en un ambiente más estimulador. Ahora, en sus institutos reconocidos a nivel internacional obtiene unos resultados impresionantes, situando la capacidad de sus alumnos a la altura de cualquier otro chico.

Nuestros hijos necesitan, por tanto, una estimulación más intensa que el resto de niños. Y en eso estamos, buscando y rebuscando, tomando nota de buenas referencias por otros padres y no dejando escapar cualquier información que pueda resultar de interés para el avance de nuestros hijos.

Hay centros buenos, muy buenos repartidos por toda España. Algunos pasan completamente inadvertidos para padres que los tienen a tiro de piedra. Este blog intentará servir de “repetidor” para que el mayor número de padres puedan conocer más alternativas donde acudir con sus hijos.

Obviamente, hablamos de nuestra experiencia. Merceditas se ha incorporado ya a su ritmo normal tras las vacaciones, y su agenda es, como podéis comprobar, bastante apretada.

Todos los días asiste dos horas al Centro Almudaris , un lugar donde potencian el aprendizaje del lenguaje a través del análisis de la conducta. Requiere mayor detenimiento y lo dejaremos para más adelante pero, podemos asegurar que el resultado es más que notable. Los pocos meses que lleva en el centro ya le han bastado para entablar una comunicación básica efectiva con su entorno -gracias Ana y Julio, y a todo vuestro genial equipo, gracias-. Da para mucho, y es muy interesante.

Todos los días tiene también sesiones de Fisioterapia repartidos entre un Centro de Atención Temprana, en concreto ACPACYS (Asociación Cordobesa de Parálisis Cerebral y Afecciones Similares) y un centro privado CEDANE (Centro de Daño Neurológico de Córdoba). Los profesionales de ambos centros son muy cariñosos con la peque. Aunque ella se ponga a llorar nada más sentarse en la camilla, estoy seguro de que el cariño es mutuo -increíble vuestro trabajo, Juan, Vero, Cristina, Ana, Anabel…-.

También tiene varios días sesión con el logopeda. Se trata siempre de aprender jugando y de estimular adecuadamente los sentidos. Mientras se juega se está trabajando, y los niños no descansan hasta que no terminen sus sesiones. Siempre se acaba por experimentar un avance, por mínimo que sea, y eso motiva para seguir al día siguiente –Araceli, Mari Carmen, mil gracias-.

A casa viene también Rocío, una asistente fabulosa de la ONCE, para estimulación visual, al menos una vez por semana. Y en octubre comenzaremos terapia con caballos y ejercicios en piscina.

Hay que recordar que todos, todos estos profesionales nos pautan ejercicios o tareas -además del Método Vojta que ya explicamos- para seguir trabajando en casa donde, más que un cuarto de juegos, tiene todo un gimnasio. Se intenta aprovechar todo, todo el tiempo posible.

A todo esto hay que intercalar citas con médicos rutinarias, para hacer el seguimiento de los pequeños frentes que la niña tiene abiertos.

No todo va a ser trabajo, también hay tiempo para el juego, y Merceditas no perdona un tobogán. A estos niños les encanta jugar en los mismos espacios que el resto y, estar rodeados de más niños es, sin duda, la mejor de las terapias posibles para ellos. Tienen sus amiguitos, por supuesto, a fuerza de encontrarse en los mismos sitios. Pero se le van los ojos detrás de un parque lleno de chavalillos, de bolas o una piscina. Además, las mentalidades, por suerte, van cambiando, y los padres de ahora tienden mucho más a educar a sus hijos en la integración que en épocas pasadas, y se agradece.

El ritmo de la peque, como el de sus compañeros, es agotador. Y lejos de disminuir, con suerte irá a mucho más, señal de que hay un claro avance que explotar.

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