amigos de cuatro patas

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Confieso que no tenía muchas expectativas en ella pero, una vez que la pequeña ha probado la equinoterapia, he de reconocer que es un buen invento.

No es nada nuevo. Al parecer, desde la Antigua Grecia ya se usaban caballos como método de curación y rehabilitación de algunas dolencias. Ahora, con el tiempo, aprovechando la nobleza de ese tipo de animales, el abanico de posibilidades es impresionantemente amplio.

Para los pequeños se ofrece la posibilidad de trabajar con ponys, por aquello de la estatura de unos y otros. Eso es lo que hemos probado nosotros, en el Ponyclub La Loma, de Córdoba.

Nosotros conocimos tanto la terapia como el centro por la Asociación ACPACYS, donde la peque sigue otras terapias.

Al principio pensamos que la niña no se atrevería. Es muy tímida, y suele costarle arrancarse con algo nuevo. Efectivamente, así fue, pero al rato, no sólo se atrevió a montar sino que disfrutó de lo lindo. Chillando, riendo haciendo palmitas… vamos, pipa.

Primero probamos con un tal “Gnomo”, pero parece que no hubo feeling entre él y la niña. Luego le presentaron a “Yasmin”, y aquello fue otra cosa. Ahora ya son buenas amigas.

La terapia está conducida por fisioterapeutas cualificados que se apoyan en la colaboración de voluntarios, que ayudan a controlar a los niños a lomos de los animales, y son de lo más “apañao”. Con los más pequeños van dos adultos, uno a cada lado y, por lo general, va cualquiera de los padres con ellos.

Como decimos, hay muy diversas alternativas de terapias con estos animales, y se pueden tratar dolencias tan dispares como lesiones cerebrales, distrofia muscular, espina bífida, autismo, retraso psicomotor… en fin, vale la pena informarse porque el resultado es notable.

Los tratamientos van desde la estimulación sensorial, sintiendo el calor que desprenden los caballos, la respiración, o la fuerza, hasta lo psicológico, ayudando a algunos pacientes con problemas de adaptación.

Incluso, en algunos centros, se preparan programas ocupacionales, donde los pacientes dan distintos cuidados a los animales, como lavarlos, cepillarlos, darles de comer…

En nuestro caso, nos interesaba, aparte de la riqueza sensorial que supone para la niña, el reflejo que se puede dar en su musculatura. Cada vez que la niña corrige su postura para seguir erguida encima del animal, va fortaleciendo su espalda, sus piernas. Está trabajando su salud al tiempo que se divierte.

Además, creo que tiene un tremendo valor añadido. Sólo por el hecho de salir de cuatro paredes, al aire libre, y cambiar una camilla por un simpático amigo de cuatro patas, creo que ya es un buen punto a tener en cuenta. Incluso para los padres, acostumbrados a asistir a otras terapias menos alegres, esto se convierte en un gustazo que se pasa, como todo lo bueno, más que rápido.

Si la niña estaba descubriendo a los perros y ya le encantan, os podéis imaginar lo que ha supuesto para ella saber que hay otros “bichos” más grandes…

Recomendable, sin duda alguna, muy recomendable. Una grata experiencia, se mire por donde se mire.

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